Si bien se habla mucho sobre la aprobación de la población los estilos de vida de las personas homosexuales, es menos conocido lo que se piensa sobre la participación de estos grupos en la vida cotidiana. El contraer matrimonio entre dos personas de cualquier sexo es uno de los derechos más básicos para la adecuada integración de las personas homosexuales a la sociedad civil, sin embargo, en Ecuador solamente desde el 12 de Junio del 2019 se permitió el matrimonio igualitario, seis años después de que dos activitistas LGBTQ+ intentaron, sin éxito, casarse en un Registro Civil[1].
La encuesta del Barómetro de las Américas (AB), ya utilizada en anteriores artículos del blog, nos permite evaluar la evolución de la opinión pública sobre el matrimonio igualitario en el Ecuador. El AB ha preguntado a la población en edad de votar (16+ años) sobre la firmeza de aprobación sobre el derecho de parejas del mismo sexo para contraer matrimonio. A continuación, presentamos el gráfico.
El gráfico representa el porcentaje de personas en edad de votar que indicaron respuestas de 6 al 10 en una pregunta que solicitaba indicar el nivel de apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo del 1 al 10, en donde 10 es máximo apoyo.
Ventajosamente, el Ecuador ha observado un creciente apoyo a este derecho: entre el 2010 y 2019 el apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo se dobló: un aumento de 18.34 puntos porcentuales. Sin embargo, es notable el cambio entre 2012 y 2014, en donde se observa una reducción del apoyo en más de 10 puntos porcentuales. Si bien no podemos asegurar una razón definitiva para esta reducción, es muy probable que, tras el intento fallido de matrimonio entre las activistas Pamela Troya y Gabriela Correa, la discusión de este derecho aumentó en gran medida. De hecho, el primer mandatario del país en el momento, el conservador de izquierda Rafael Correa, reiteró su desaprobación del matrimonio igualitario en 2013 así como del cambio de sexo en la cédula de identidad y el derecho de adopción de parejas del mismo sexo, en apoyo a “la familia tradicional”[2].
Por otro lado, ante una denuncia presentada por la pareja de activistas ante la imposibilidad de casarse, una jueza negó el recurso, reconociendo que en la Constitución del Ecuador, vigente desde el 2008 y apoyada por el gobierno de Correa, se reconoce el matrimonio entre un hombre y una mujer solamente, así como reconoció la “invocación de Dios en la Constitución” y que “no hay constitución sin valores ni principios”, aun cuando el Ecuador es un estado laico[4]. Teniendo a figuras de autoridad como las mencionadas que rechazan el matrimonio igualitario, sería entendible observar una considerable reducción como la observada en la aprobación del matrimonio igualitario. No podemos analizar el efecto de la aprobación del matrimonio igualitario en la opinión pública, puesto que la aprobación se dio en junio y las encuestas finalizaron en febrero del 2019.
Entre 2012 y 2016 se tuvo una considerable recuperación en el porcentaje de aprobación y una diferencia no estadísticamente significativa entre 2016 y 2019. Una vez más, es complicado conocer las razones de este aumento, pero existe la posibilidad que la legalización de la unión de hecho entre personas del mismo sexo en 2014, la aprobación de algunas figuras cercanas al correísmo de una sentencia aprobatoria del matrimonio igualitario de la Corte Constitucional en 2015 y una opinión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos hayan influenciado positivamente la aprobación de este derecho en la población.
¿Que ha sucedido desde la legalización del matrimonio igualitario? Utilizamos datos del INEC/Registro Civil para calcular el número de matrimonios del mismo sexo desde su legalización. A continuación graficamos los resultados a partir de Julio 2019 hasta Diciembre 2022.
El gráfico arriba muestra la distribución acumulada del número de matrimonios en cada més desde Julio del 2019. El incremento más empinado se muestra en la segunda mitad del 2019, inmediatamente después de la legalización de la figura legal. Este fenómeno es entendible dada la reciente legalización, considerando las parejas que esperaron al momento de la legalización para contraer matrimonio pero ya lo habrían planficado en el pasado. Tras una parada en seco debido al confinamiento por el COVID-19 en abril 2020, se evidencia la normalización de los matrimonios del mismo sexo, quizás habiendo llegado a su tendencia normal. En cualquier caso, los matrimonios del mismo sexo siguen representando una proporción minúscula del total de matrimonios. El estudio de este fenómeno es complicado debido a la dificultad de obtener autoidentificación de orientación sexual en encuestas, sin embargo, algunos factores económico/laborales podrían disuadir a parejas homosexuales para casarse1
Más allá del matrimonio igualitario, la encuesta también consulta a los ciudadanos sobre su aprobación a los derechos políticos de las personas homosexuales. Específicamente, pregunta el grado de aprobación (1-10) del derecho de las personas homosexuales de postularse a cargos políticos. A continuación mostramos los resultados.
Lo más evidente que presenta esta informacion es que en Ecuador se aprueba más que las personas homosexuales participen en la política que tengan el derecho al matrimonio. Una vez más, se evidencia un constante aumento de la aprobación, llegando a casi un 43.82% de aprobación. No se evidencia la caída repentina de aprobación en 2014 que se evidenció en el caso de la aprobación del matrimonio igualitario. Sin embargo, al ser menos del 50% que firmemente aprueba la participación política de los homosexuales, las posibilidades electorales de postulantes homosexuales están automáticamente en desventaja.
No es un secreto que la clase política ecuatoriana es conservadora, irrespectivo de su posición frente a la economía de mercado. El régimen que gobernó al país desde 2006 hasta 2017 tuvo muchos episodios donde los rasgos conservadores de sus actores se evidenciaron: además del rechazo al matrimonio igualitario, se rechazó la legalización del aborto, la “ideología de género” y se propuso un plan nacional que reemplace a los centros de salud por la familia en la educación sexual[6], y, más recientemente, dificultar una marcha de orgullo LGBT[7]. Por otro lado, los dos últimos gobiernos con tendencia a la derecha no motivaron las libertades sociales, vetando proyectos de ley que despenalizaban el aborto y defendiendo “con uñas y garras mi derecho de educar a mis hijos como yo pienso”2[8–11].
El electorado ecuatoriano es, en general, similarmente conservador. Los resultados de una batería de preguntas de la encuesta presente determinaron que, si bien los valores progresistas han aumentado con el tiempo en el país, siguen estando muy arraigados, especialmente en torno al rechazo a las personas homseoxuales y los servicios públicos para extranjeros. Las encuestas también revelan que no existe una relación clara entre la tendencia política y el conservadurismo, ya que el país, si bien se encuentra en el ala conservadora de la región, se sitúa en el centro de la dicotomía política izquierda y derecha[12]. De hecho, la autoidentificación política tampoco responde a los tradicionales valores e ideas económicas y sociales de estas tendencias políticas, por lo que se ha propuesto que la identificación política quizás responde más a personajes políticos[13].
En conclusión, la verdad desnuda, pero sin desmanes ni burlas3, es que al Ecuador aun le queda mucho por recorrer en términos de la inclusion social, civil y política de las personas homosexuales. Aunque existen excepciones, como el caso del primer alcalde electo que es abiertamente gay[14], la opinión pública así como las instituciones políticas y civiles aun son altamente heteronormativas. Sin embargo, juzgando por el constante crecimiento de la aprobación de los derechos de personas homosexuales, se puede tener una perspectiva optimista por lo que le espera al país en términos de inclusión, aun más considerando que son las personas más jóvenes las que comienzan a adoptar valores socialmente progresistas[12].
Brown (1998) demuestra que las parejas del mismo sexo masculinas observan un considerable diferencial de ingreso laboral en comparacion a parejas heterosexuales[5]. Contraer matrimonio podría acentuar la discriminación si la pareja ha mantenido en secreto su relación.↩︎
Mencionado por el vicepresidente Otto Sonnenholzner en 2019, ante la legalización del matrimonio igualitario[8].↩︎
Véase lo mencionado por el alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez después de acceder al desfile de orgullo LGBTIQ+ que inicialmente desautorizó.↩︎